Reflexión dieciochera


Con ocasión de nuestras fiestas patrias esta larga y angosta faja de tierra del confín del mundo se convierte en una fiesta para conmemorar un nuevo aniversario de la conformación de la primera Junta de Gobierno (y no la Independencia como algunos pelotudos andan diciendo por ahí, ya que esta la firmó O’Higgins el 12 de febrero de 1818)

Durante estas fechas, me ha venido a la mente la siguiente pregunta (que ya ha agarrado niveles existenciales): ¿Quién diablos ha visto una “huasa” en su vida?

Mi familia proviene de una zona huasa por excelencia, la Región de O’Higgins (no le digo 6ª región por que con esto de las reformas constitucionales esa denominación va a valer callampa dentro de poco), y NUNCA es mi puta existencia he visto una “Huasa” (en traje elegante), si he visto “chinas” (no muchas veces eso sí).

El traje de huasa me evoca mas a promotora dieciochera de supermercado o presentadora de TV vestida para la “ocasión” que a genuina tradición del campo chileno. Incluso lo encuentro clasista, ya que este “traje” sería mas propio que señorona de latifundista que de mujer de campo propiamente tal, es por esto que prefiero mil veces el traje de “china” ya que es un auténtico uniforme de trabajo de la mujer campesina de la zona central de Chile, es éste el quid del asunto de la vestimenta típica, la representatividad.

Según lo que he podido constatar por testimonios en mis viajes frecuentes a la tierra de mis raíces, ese traje de huasa es completamente inútil, ya que no sirve para montar a caballo y ni siquiera para bailar cueca de salón, ya que el faldón con encaje es demasiado ceñido por lo que resulta completamente incómodo para el baile nacional (dato no menor si consideramos que es un traje “elegante de salón”)

Ad portas del bicentenario sería bastante sano y constructivo mirar en perspectiva nuestra identidad como nación, desde el desierto de atacama a los hielos patagónicos y no solo a la zona central y sincerar nuestras tradiciones, con sus virtudes y defectos, es la única forma de legar a nustros hijos un país con identidad.

Porque el traje de huasa cada vez parece mas disfraz que vestimenta típica.

“Te miro la cara y me da sed” de los Hermanos Campos, un clásico dieciochero

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