El Diccionario "Jurídico" del Diablo

Ambrose Bierce
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Muy conocida es la obra del escritor estadounidense Ambrose Bierce (1842 – 1913), “El Diccionario del Diablo” (1911) quien de forma satírica y mordaz define algunos términos de uso corriente.

A continuación el Héroe en Silencio ha seleccionado aquellas acepciones ligadas directa o indirectamente al mundo jurídico, a saber:

Apelar, v. i. En lenguaje forense, volver a poner los dados en el cubilete para un nuevo tiro

Asilo, s. Todo lo que asegura protección a alguien en peligro: Moisés y Josué establecieron seis ciudades de asilo –Beze, Golan, Ramoth, Kadesh, Schekem y Hebrón– donde el homicida involuntario podía refugiarse al ser perseguido por los familiares de la víctima. Este 18 admirable recurso proveía al matador de un saludable ejercicio, sin privar a los deudos de los placeres de la caza; así, el alma del muerto era debidamente honrada con prácticas similares a los juegos fúnebres de la primitiva Grecia.

Cónsul, s. En política americana, persona que no habiendo podido obtener un cargo público por elección del pueblo, lo consigue del gobierno a condición de abandonar el país.

Derecho, s. Autoridad legítima para ser, hacer o tener; verbigracia el tener derecho a ser rey, hacer trampas al prójimo o tener el sarampión.

Deuda, s. Ingenioso sustituto de la cadena y el látigo del negrero.

Diplomacia, s. Arte de mentir en nombre del país.

Ejecutivo, s. Rama del gobierno que hace cumplir los deseos del legislativo hasta que el poder judicial los declara nulos y sin efecto.

Damos a continuación un extracto de un viejo libro titulado “El Selenita Perplejo” (Pfeiffer & Co., Boston, 1803):

Selenita: Entonces, cuando vuestro Congreso ha aprobado una ley, ¿va inmediatamente a la Suprema Corte para que dictamine si es constitucional?

Terráqueo: ¡Oh no! la ley no necesita la aprobación de la Suprema Corte. A veces pasan años antes de que un abogado la objete en nombre de su cliente. Si el presidente la aprueba, entra en vigor en el acto. 

Selenita: Ah, el poder ejecutivo es parte del legislativo. ¿Y la policía también debe aprobar los edictos que hace cumplir? 

Terráqueo: Todavía no… En términos generales, sin embargo, todas las leyes exigen la aprobación de aquellos a quienes se proponen reprimir.

Selenita: Ya veo. La sentencia de muerte no es válida hasta que no la firma el asesino.

Terráqueo: Amigo mío, usted exagera. No somos tan coherentes.

Selenita: Pero este sistema de mantener una costosa maquinaria judicial que sólo se pronuncia sobre la validez de las leyes mucho después de que han empezado a ejecutarse, y sólo en el caso de que un ciudadano particular las someta a la Corte, ¿no provoca una gran confusión? 

Terráqueo: Así es, en efecto.

Selenita: ¿Por qué entonces no hacer convalidar las leyes por la Suprema Corte, antes que por el presidente? 

Terráqueo: Porque ese sistema no tiene precedente.

Selenita: ¿Qué es un precedente? 

Terráqueo: Algo que ha sido definido por trescientos juristas a razón de tres volúmenes cada uno. ¿Cómo podríamos saberlo? 

Elector, s. El que goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.

Fiador, s. Tonto que poseyendo bienes propios se hace responsable de los que otro confía a un tercero.

Felipe de Orleans, queriendo designar para un alto cargo a uno de sus favoritos –un noble disoluto–, le preguntó qué garantía podía ofrecer. “No necesito fiador” –repuso el noble– “puesto que puedo daros mi palabra de honor”. Divertido, preguntó el Regente: “eso, ¿cuánto vale?” Repuso el noble: “Señor, vale su peso en oro”.

Gobierno monárquico, s. Gobierno.

Hábeas Corpus, s. Recurso judicial que permite sacar a un hombre de la cárcel cuando lo han encerrado por el delito que no cometió, y no por los que realmente cometió.

Homicidio, s. Muerte de un ser humano por otro ser humano.

Hay cuatro clases de homicidio: felón, excusable, justificable y encomiable, aunque al muerto no le importa mucho si lo han incluido en una o en otra; la distinción es para uso de abogados.

Honorable, adj. Dícese de lo que está afligido por un impedimento en su capacidad general.

En las cámaras legislativas se acostumbra dar el título de “honorable” a todos los miembros. V.g.: “El honorable diputado es un perro sarnoso”.

Impunidad, s. Riqueza.

Inadmisible, adj. Que no merece ser considerado. Dícese de ciertos testimonios que los jurados son incapaces de apreciar, y que en consecuencia los jueces rechazan, aun en procedimientos de los que son los únicos árbitros.

La evidencia de oídas es inadmisible, porque la persona a quien se cita no ha prestado juramento y no puede ser interrogada por el tribunal; no obstante, la evidencia de oídas sirve diariamente de fundamento a las más importantes acciones, militares, políticas, comerciales y de cualquier otra clase. No existe en el mundo una religión que no se funde en la evidencia de oídas. La revelación es evidencia de oídas; que las Escrituras sean la palabra de Dios, es cosa que sabemos solamente por el testimonio de hombres muertos hace mucho tiempo, cuya identidad no está claramente establecida y que no prestaron ningún tipo de juramento. Según las reglas de la evidencia judicial ninguna de las afirmaciones de la Biblia sería admisible ante un tribunal. Tampoco podría probarse que la batalla de Blenheim se libró, que existió Julio César, que hubo un imperio asirio. En cambio, y puesto que los archivos judiciales constituyen evidencia admisible, puede probarse fácilmente que han existido poderosos y perversos magos que fueron un azote para la humanidad. La evidencia (confesiones inclusive) que sirvió para condenar y ejecutar por hechiceras a ciertas mujeres, no tenía fallas; aun hoy es inatacable. Las decisiones judiciales fundadas en ella eran justas dentro de la lógica y la ley. Nada está mejor probado ante un tribunal que los cargos de brujería que llevaron a tantos a su muerte. Si las brujas no existieran, el testimonio humano y la razón humana carecerían igualmente de valor.

Indefenso, adj. Incapaz de atacar.

Independiente, adj. En política, enfermo de autorrespeto. Es término despectivo.

Indultar, v. t. Remitir una pena y devolver al acusado a una vida criminal. Agregar a la fascinación del crimen la tentación de la ingratitud.

Injusticia, s. De todas las cargas que soportamos o imponemos a los demás, la injusticia es la que pesa menos en las manos y más en la espalda.

Injuria, s. Ofensa que sigue en gravedad a un desdén.

Juramento, s. En derecho, solemne promesa ante Dios, que la conciencia debe cumplir so pena de perjurio.

Justicia, s. Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.

Ladrón, s. Comerciante candoroso.

Se cuenta de Voltaire que una noche se alojó, con algunos compañeros de viaje, en una posada del camino. Después de cenar, empezaron a contar historias de ladrones. Cuando le llegó el turno a Voltaire dijo:–Hubo una vez un Recaudador General de Impuestos –y se calló. Como los demás lo alentaron a proseguir, añadió:–Ese es el cuento.

Legal, adj. Compatible con la voluntad del juez competente.

Libertad, s. Uno de los bienes más preciosos de la Imaginación, que permite eludir cinco o seis entre los infinitos métodos de coerción con que se ejerce la autoridad. Condición política de la que cada nación cree tener un virtual monopolio. Independencia. La distinción entre libertad e independencia es más bien vaga, los naturalistas no han encontrado especímenes vivos de ninguna de las dos.

Litigante, s. Persona que está por entregar la piel con la esperanza de conservar los huesos.

Loco, adj. Dícese de quien está afectado de un alto nivel de independencia intelectual; del que no se conforma a las normas de pensamiento, lenguaje y acción que los conformantes han establecido observándose a sí mismos; del que no está de acuerdo con la mayoría; en suma, de todo lo que es inusitado.

Vale la pena señalar que una persona es declarada loca por funcionarios carentes de pruebas de su propia cordura. Por ejemplo, el ilustre autor de este Diccionario no se siente más convencido de su salud mental que cualquier internado en un manicomio, y –salvo demostración en contrario– es posible que en vez de la sublime ocupación a que cree dedicar sus facultades, esté golpeando los puños contra los barrotes de un asilo y afirmando ser Noé Webster, (autor del diccionario Webster) ante la inocente delectación de muchos espectadores desprevenidos.

LL.D. Letras que designan el título de “Legumastuciorum Doctor”, o sea erudito en leyes, provisto de astucia legal.( significa, en realidad, “Legum Doctor”, doctor en Leyes.).

Pero esta derivación resulta sospechosa si se tiene en cuenta que antiguamente el título se abreviaba ££.d. (Libras y peniques) , y era conferido solamente a caballeros adinerados. Actualmente, la Universidad de Columbia considera la posibilidad de crear otro título para clérigos, en lugar del antiguo D.D. (significa “Divinitatis Doctor”, doctor en teología) o “Damnator Diaboli”. El nuevo honor será conocido como “Sanctorum Custus”, y se escribirá $$ cts. El reverendo John Satán ha sido propuesto como primer destinatario del título.

Marido, s. El que después de cenar debe encargarse de lavar el plato.

Matar, v. t. Crear una vacante sin designar un sucesor.

Matrimonio, s. Condición o estado de una comunidad formada por un amo, un ama y dos esclavos, todos los cuales suman dos.

Ministro, s. Agente de un poder superior con una responsabilidad inferior. En diplomacia, funcionario enviado a un país extranjero como encarnación visible de la hostilidad de su soberano por ese país. El principal requisito para ser ministro es un grado de plausibilidad en la mentira apenas inferior al de un embajador.

Misericordia, s. Virtud que aman los delincuentes sorprendidos.

Monarca, s. Persona que se ocupa de reinar. Antiguamente el monarca era el único amo, como lo indica la etimología de la palabra y como aprendieron, a costa de sí mismos, muchos súbditos.

En Rusia y Oriente el Monarca retiene todavía una considerable influencia en los asuntos públicos y en el destino final de las cabezas humanas, pero en Europa Occidental la administración pública corre por cuenta de los ministros, mientras el monarca reflexiona sobre el destino de su propia cabeza.

Moral, adj. Conforme a una norma de derecho local y mudable. Cómodo.

Dícese que existe en el Este una cadena de montañas y que a un lado de ella ciertas conductas son inmorales, pero que del otro lado son tenidas en alta estima; esto resulta muy ventajoso para el montañés, porque puede bajar ora de un lado, ora del otro, y hacer lo que le plazca, sin ofensa. (“Meditaciones de Gooke”).

Nacimiento, s. Primero y más terrible de todos los desastres.

Sobre su naturaleza, hay distintas opiniones. Cástor y Pólux nacieron de un huevo. Pallas, de un cráneo. Galatea, de un bloque de piedra, Peresilis, autor del siglo X, asegura que brotó del suelo donde un sacerdote había derramado agua bendita. Es sabido que Arimaxus surgió de un agujero hecho por un rayo en la tierra. Leucomedón era hijo de una caverna en el Monte Etna, y yo personalmente he visto a un hombre salir de una bodega.

Pasaporte, s. Documento que se inflige traidoramente a un ciudadano que sale de su país, denunciándolo como extranjero y exponiéndolo al ultraje y la reprobación.

Paz, s. En política internacional, época de engaño entre dos épocas de lucha.

Pena capital, s. Castigo de cuya justicia y eficacia dudan muchas personas dignas, inclusive los asesinos.

Piratería, s. Comercio sin los pañales de la fantasía, tal como Dios lo hizo.

Plagiar, s. Asumir el pensamiento o el estilo de otro escritor, a quien uno jamás ha leído.

Plagio, s. Coincidencia literaria entre una prioridad carente de mérito y una posterioridad honorable.

Plebiscito, s. Votación popular para establecer la voluntad del amo.

Pleito, s. Máquina en la que se entra en forma de cerdo y se sale en forma de salchicha.

Plenipotenciario, adj. Provisto de plenos poderes. Un ministro plenipotenciario es un diplomático a quien se otorga absoluta autoridad con la condición de que nunca la ejerza.

Policía, s. Fuerza armada destinada a asegurar la protección al expolio.

Poligamia, s. Capilla de expiación provista de varios reclinatorios penitenciales, a diferencia de la monogamia, que sólo tiene uno.

Política, s. Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado.

Político, s. Anguila en el fango primigenio sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando agita la cola, suele confundirse y creer que tiembla el edificio. Comparado con el estadista, padece la desventaja de estar vivo.

Positivismo, s. Filosofía que niega nuestro conocimiento de lo Real y afirma nuestra ignorancia de lo Aparente. Su exponente más largo es Comte; el más ancho, Mill, y el más espeso, Spencer.

Precedente, s. En jurisprudencia decisión, regla o práctica previas que en ausencia de una ley definida cobran el vigor y la autoridad que al juez se le ocurra darles, cosa que simplifica grandemente su tarea de hacer lo que le plazca. Como hay precedentes para todo le bastará ignorar los que contrarían su interés y acentuar los que favorecen su deseo. La invención del precedente eleva el proceso del nivel inferior de una ordalía fortuita a la noble condición de un arbitraje caprichoso.

Precio s. Valor más una suma razonable por el desgaste que sufre la conciencia al exigirlo.

Presidente, s. Cerdo engrasado en los juegos al aire libre de la política norteamericana.

Presidente, s. Figura dominante en un grupito de hombres que son los únicos de los que se sabe con certeza que la inmensa mayoría de sus compatriotas no deseaban que llegaran a la presidencia.

Prevaricador, s. Mentiroso en estado de crisálida.

Prisión, s. Lugar de castigos y recompensas.

El poeta nos asegura que: “No los muros de piedra hacen prisiones”, pero una combinación del muro de piedra, el parásito político y el profesor de moral no es el jardín de las delicias.

Privativo, adj. En lenguaje forense dícese de la propiedad individual de tierras, por oposición al condominio.

Algunas tribus de indios son ya bastante civilizadas para tener en dominio privativo las tierras que antes poseían como organizaciones tribales y que no podían vender a los blancos por abalorios y whisky de patatas.

Proceso, s. Investigación formal destinada a probar y consignar por escrito el carácter intachable de jueces, abogados y jurados. Para conseguir esto, es necesario proveer un contraste en la persona de alguien a quien se llama defendido, prisionero o acusado. Si el contraste queda establecido con suficiente claridad, esa persona es sometida a un castigo suficiente para dar a los virtuosos caballeros el reconfortante sentimiento de su inmunidad, agregado al de su mérito.

En nuestros días, el acusado es generalmente un ser humano, o un socialista, pero en el Medioevo fueron procesados animales, peces, reptiles e insectos. Una bestia que hubiera causado la muerte de un hombre, o practicado la brujería, era debidamente arrestada y procesada, y si resultaba culpable, ejecutada por el verdugo público. Los insectos que devastaban sembrados, huertas o viñedos, eran citados ante un tribunal civil, para declarar por sí o por medio de un abogado, y pronunciados el testimonio, el argumento y la condena, si seguían “in contumaciam”, se llevaba el caso a un alto tribunal eclesiástico, que los excomulgaba y anatematizaba. En una calle de Toledo se arrestó, juzgó y condenó a unos cerdos que perversamente pasaron corriendo entre las piernas del virrey, causándole gran sobresalto. En Nápoles se condenó a un asno a morir en la hoguera, aunque al parecer la sentencia no fue ejecutada. D’Addosio ha extraído de los anales judiciales numerosos procesos contra cerdos, toros, caballos, gallos, perros, cabras, etc., que según se cree contribuyeron grandemente a mejorar la conducta y la moral de esos bichos. En 1451 se inició causa criminal contra las sanguijuelas que infestaban ciertos estanques de Berna, y el obispo de Lausana, aconsejado por la facultad de la Universidad de Heidelberg, ordenó que algunos de esos “gusanos acuáticos” comparecieran ante la magistratura local. Así se hizo, y se intimó a las sanguijuelas, presentes y ausentes, que en plazo de tres días abandonaran los sitios que habían infestado, so pena de “incurrir en la maldición de Dios”. Los voluminosos expedientes de esta causa célebre no dicen si las inculpadas arrostraron ese castigo o si se marcharon en el acto de esa inhóspita jurisdicción.

Propiedad, s. Cualquier cosa material, sin valor particular, que pueda ser defendida por A contra la avidez de B. Todo lo que satisface la fiebre de posesión en unos y la defrauda en los demás. Objeto de la breve rapacidad del hombre, y de su larga indiferencia.

Prórroga, s. Suspensión de hostilidades contra un asesino sentenciado, para que el Ejecutivo averigüe si el crimen no fue cometido por el fiscal. Cualquier ruptura en la continuidad de una expectativa desagradable.

Prueba, s. Evidencia que tiene un matiz más de plausibilidad que de inverosimilitud. Testimonio de dos testigos creíbles, opuesto al de uno solo.

Quórum, s. En un cuerpo deliberativo, número de miembros suficiente para hacer su voluntad. En el Senado norteamericano, se forma quórum con el presidente de la Comisión de Finanzas y un mensajero de la Casa Blanca; en la Cámara de Representantes, bastan el presidente del cuerpo y el demonio.

Recuento de votos s. En política norteamericana, nuevo tiro de dados que se acuerda al jugador contra quien están cargados.

Referéndum, s. Ley que se somete a voto popular para establecer el consenso de la insensatez pública.

Reparación, s. Satisfacción que se da por un mal cometido, y que se deduce de la satisfacción experimentada al cometerlo.

Réplica, s. Insulto prudente al contestar. Practicada por señores que tienen una repugnancia innata por la violencia, junto con una fuerte tendencia a ofender. En una guerra de palabras, táctica del indio norteamericano.

República, s. Nación en que, siendo la cosa que gobierna y la cosa gobernada, una misma, sólo hay autoridad consentida para imponer una obediencia optativa. En una república, el orden se funda en la costumbre, cada vez más débil, de obedecer, heredada de nuestros antepasados que cuando eran realmente gobernados se sometían porque no tenían otro remedio. Hay tantas clases de repúblicas como grados entre el despotismo de donde provienen y la anarquía adonde conducen.

República, s. Entidad administrativa manejada por una incalculable multitud de parásitos políticos, lógicamente activos pero fortuitamente eficaces.

Residente, s. y adj. El que no puede irse.

Responsabilidad, s. Carga desmontable que se traspasa fácilmente a las espaldas de Dios, el Destino, la Fortuna, la Suerte, o el vecino. Los aficionados a la astrología suelen descargarla en una estrella.

Saquear, v.t. Tomar la propiedad de otro sin observar las reticencias decentes y acostumbradas del robo. Efectuar un cambio de propiedad con la cándida concomitancia de una banda militar. Apoderarse de los bienes de A y B, mientras C lamenta la oportunidad perdida.

Seguro, s. Ingenioso juego de azar que permite al jugador la confortable convicción de que está derrotando al que tiene la banca.

Agente de seguros: Mi estimado señor, esa es una bella casa.Permítame que la asegure.

Propietario de la casa: Con placer. Pero le ruego fijar una prima anual tan baja que, llegado el momento en que, según las tablas de su actuario, será probablemente destruida por el fuego, yo le haya pagado mucho menos del valor de la póliza.

Agente de seguros: ¡Oh, no! No podemos permitirnos eso, debemos fijar la prima de modo que usted haya pagado más.

Propietario de la casa: Eso es lo que “yo” no puedo permitirme.

Agente de seguros: Pero observe que su casa puede quemarse en cualquier momento. Ahí tiene la casa de Smith, por ejemplo, que…

Propietario de la casa: Ahórreme eso. Yo podría citarle, en cambio, la casa de Jones, la de Robinson, que…

Agente de seguros: ¡Ahórreme “usted” eso!

Propietario de la casa: Entendámonos. Usted pretende que yo le pague dinero sobre la hipótesis de que algo ocurrirá antes del momento en que usted mismo calcula que ocurrirá. En otras palabras, usted me pide que apueste a que mi casa no durará tanto como probablemente durará, según usted.

Agente de seguros: Pero si su casa se quema sin seguro, será una pérdida total.

Propietario de la casa: Perdón. Según las tablas de su actuario lo probable es que cuando se queme yo haya ahorrado, en concepto de primas que no le pago, una suma mayor que el valor de la póliza. Pero supongamos que se queme, sin seguro, antes de lo que ustedes prevén. Yo no puedo soportar esa pérdida. ¿Pero cómo la soportan ustedes, en caso de que esté asegurada?

Agente de seguros: Ah, nos desquitamos a través de transacciones más afortunadas con otros clientes. Virtualmente, son ellos los que pagan su pérdida.

Propietario de la casa: Y virtualmente, entonces, soy yo el que contribuyo a pagar las pérdidas de ellos. ¿Acaso las casas de los demás no se pueden quemar antes de que las primas cubran el valor de la póliza? La cosa es así: ¿ustedes pretenden sacar de sus clientes más dinero del que les pagan, verdad?

Agente de seguros: Por supuesto. Si no fuera así…

Propietario de la casa: …yo no les entregaría mi dinero. Bien, pero si resulta “indudable”, que la clientela global pierde dinero, también es “probable” que un cliente individual lo pierda. Son estas probabilidades individuales las que hacen la certeza del conjunto.

Agente de seguros: No lo negaré, pero observe las cifras de este folle…

Propietario de la casa: ¡Dios no permita!

Agente de seguros: Usted habló de ahorrar las primas que debería pagarme. ¿Pero no es más probable que las despilfarre? Nosotros le ofrecemos un incentivo al ahorro.

Propietario de la casa: La disposición de A de hacerse cargo del dinero de B no es exclusivo de los seguros, pero ustedes, como institución caritativa, merecen estima. Dígnese aceptar ese reconocimiento de un Meritorio Objeto.

Senado, s. Cuerpo de ancianos que cumple altas funciones y fechorías.

Tarifa, s. Escala de impuestos a las importaciones destinada a proteger al productor local contra la avidez de sus consumidores.

Tecnicismo, s. En un tribunal inglés, un hombre llamado Home, que acusaba a un vecino de asesinato, fue procesado por calumnias. Sus palabras exactas fueron: “Sir Thomas Holt tomó un hacha y golpeó a su cocinero en la cabeza, de modo que una parte de la cabeza cayó sobre un hombro, y la otra parte sobre el otro hombro“. Home fue absuelto, a indicación del tribunal; los doctos jueces declararon que sus palabras no constituían una acusación de asesinato, ya que no afirmaban la muerte del cocinero, y que esta era una simple inferencia.

Trabajo, s. Uno de los procesos por los que A adquiere bienes para B.

Tregua, s. Amistad.

Ultimátum s. En diplomacia, exigencia final antes de acudir a las concesiones.

Habiendo recibido un ultimátum de Austria, el gabinete turco se reunió para considerarlo.

–¡Oh! Siervo del Profeta –dijo el Sheik del Imperial Shibuk al Mamush del Invencible Ejército–, ¿cuántos inconquistables soldados tenemos bajo las armas? Sostenedor de la Fe –repuso el dignatario tras consultar sus apuntes–, ¡son tantos como las hojas del bosque! –¿Y cuantos impenetrable bajeles infunden terror en el corazón de los cerdos cristianos?–preguntó el Sheik al Imán de la Siempre Victoriosa Marina.

–¡Oh, Tío de la Luna Llena –fue la respuesta–, dígnate saber que son como las olas del océano, las arenas del desierto y las estrellas del firmamento! Durante ocho horas la ancha frente del Sheik del Imperial Shibuk permaneció arrugada en signo de profunda meditación: estaba calculando las chances de la guerra. Al fin: –¡Hijos de los ángeles –exclamó–, la suerte está echada! Sugeriré al Ulema del Imperial Oído que aconseje la inacción. En nombre de Alá, se levanta la sesión.

Voto, s. Instrumento y símbolo de la facultad del hombre libre de hacer de si mismo un tonto y de su país una ruina.


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