Sebastián, Natalia y Yo

Gentileza EMOL

Conocí al matrimonio protagonista del escándalo político del momento desde sus inicios e incluso antes. Contextualizaré la historia.

Ingresé en 1999 a estudiar Derecho en la Universidad Central, en ese edificio pedestre ubicado en Lord Cochrane frente al Parque Almagro, dicho local con aspecto de frigorífico albergaba en sus dos primeros pisos a Derecho y en el tercero a Ciencias Políticas (CIPOL). Allí viví la elección presidencial Lagos-Lavín, luego de aquella elección pasé a dar la cacha engrosar las escuálidas filas del concertacionista Partido Radical.

¿Como conocí a ambos? Acá va la historia.

Gentileza El Dinamo

Conocí a la Natalia ya que era yunta de una de mis mejores amigas (amistad que por cierto mantengo hasta hoy) y era parte del mismo grupo que – capeando clases en la Central – se juntaba a chupar “a la vuelta” sucucho legendario con sólo patente de restaurant ubicado en Eleuterio Ramírez, entre San Ignacio y Dieciocho y a jugar pool en un antro de baja estofa de la misma calle Eleuterio Ramírez, pero esta vez entre Lord Cochrane y Nataniel. Ese grupete [que también integró la recién electa comisionada del CNA-Chile] junto con su afición al pool tenía una característica bien interesante: tintes mas, tintes menos, todos (salvo yo) eran derechistas de tomo y lomo. Sí, como usted lo acaba de leer: doña Natalia Compagnon de Dávalos era una furibunda calcetinera de Augusto Pinochet Ugarte, si tuvo familares DD.DD, lo cierto es que lo mantuvo a nosotros muy en reserva. Sus razones habrá tenido.

Así que todo lo que se dijo en el reportaje de El Dínamo al respecto no es en absoluto falso.

Gentileza La Segunda

Conocí al Sebastián a propósito de mi participación en política universitaria. Él era un tipo relativamente piola de pelo medio decolorado/platinado tirado a Dexter Holland (vocalista de offspring), militante socialista que iba de candidato a delegado de CIPOL por la Lista A [Concertación] a la Federación de Estudiantes de la Universidad Central (FEUCEN) y cuya señora madre era la flamante y al tiempo desconocida Ministra de Salud. Yo fui el director artístico de campaña en esa época, eso es en buen chileno, el hueveta que diseñaba y hacía los lienzos, pancartas, volantes, afiches, etc.

Nunca jamás pensé que cuando Sebastián me dijo raja de curado (a decir verdad yo estaba ídem) en el carrete de inicio de año en el patio-estacionamiento de la Escuela bajo el compás envasado de Tommy Rey “Oye wn, preséntame a tu amiga la flaca“, iba a terminar en todo esto.

Todos mis amigos que también lo eran de la “Nuera” me echan en cara que le debo una explicación al país (?), que soy el aval de la deuda (!), el culpable de todo o cosas por el estilo por el simple hecho de que yo presenté a la parejita.

Así que cuando leí el reportaje a la flaca me llegaban a arder los ojos de leer tantas inconsistencias, por no decir derechamente embustes: No empezaron al día siguiente ni mucho menos, de hecho la flaca pasó harto tiempo corriéndose de Sebastián porque lo encontraba muy jote, [incluso en la interna, aquella se refería despectivamente a éste como “el pollo”, quizás por su corte y color de pelo] por lo que el romanticismo allí no tuvo NADA de inmediato y mucho menos de casual y de espontáneo, básicamente porque TODA la universidad, al menos la sede de Lord Cochrane, sabía perfectamente de quien era hijo Sebastián Dávalos. De hecho en la Central estudiaban varios hijos de políticos concertacionistas (Viviana, la hija del entonces senador Nelson Ávila era compañera mía en un par de cursos) por lo que es poco creíble que Natalia no supiera de antes quien era el Seba simplemente porque era vox populi.

Les daré un dato, mi ayudante de Derecho Constitucional era un nóvel abogado, un tal Felipe Harboe.

Después, por razones financieras me cambié de Universidad el 2002 dirigiéndome al hogar de los búfalos mojados (?), al tiempo después me enteré que la flaca se había cambiado a CIPOL y les perdí la pista hasta que me enteré que se casaron en lo de Gonzalo Vial, en algo muy austero y popular. Luego lo de los Lexus, etc.

Es bastante extraño cuando la prensa, tu familia, colegas, compañeros, clientes, amigos y gente de la calle comienzan a hablar de este escándalo político respecto de gente que conociste en alguna coordenada de tu existencia y, digámoslo claramente, fueron gente de paso en la que coincidimos en cierto espacio/tiempo muy puntual.

No recibí ni un puto peso, ni fui testigo de matrimonio así que no le debo explicaciones a nadie, jejeje.

¿Sobre lo que opino de todo esto? Digamos que Mosciatti me quitó las palabras. Nada mas que decir.

The Offspring – “Why Don’t You Get a Job?

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