Tamo Daleko [Тамо далеко]

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Ha canciones populares que hay marcado tan fuertemente a un país que se convierte en una suerte de himno nacional paralelo. Hay muchos casos, pero hay uno que quisiera destacar en particular: El Tamo Daleko.

El Tamo Daleko [Тамо далеко] es una canción tradicional serbia compuesta durante la Primera Guerra Mundial. Es considerado por algunos el himno de cada soldado serbio que deja su casa y su familia por irse a pelear por su Madre Patria Serbia.

Тамо далеко significa en serbio algo así como “Muy lejos“.

 

Isla de Corfú

La canción es cantada – en el contexto de la Primera Guerra Mundial – por un soldado serbio en la isla de Corfú (Grecia), donde se reunía lo que quedó del ejército serbio tras la retirada dramática, luego de que su país fuese superado por las Potencias Centrales (entiéndase: Imperio Alemán, Imperio Austro-Húngaro, Imperio Otomano y el Reino de Bulgaria) en 1915.

El cantante le canta a su aldea natal, a la (destruida) iglesia ortodoxa del pueblo donde se casó, la desastrosa retirada durante el cual muchos de sus compañeros murieron de frío, hambre y de enfermedad. Las aguas  del Mar Jónico que rodean la isla de Corfú y la pequeña isla de Vido son todavía conocidas como el “Cementerio Azul” debido al hecho que allí se habían lanzado miles de soldados muertos durante la retirada: fueron lanzados al mar simplemente porque los cementerios locales no dieron abasto para esa tristísima necesidad.

Guardando las proporciones, es una especie de “Si vas para Chile” pero serbio.

Además el Tamo daleko es una de las canciones mas queridas y populares de la numerosa diáspora serbia alrededor del mundo tras la segunda guerra mundial.

El Rodeo Chileno

Si hay algo que exuda chilenidad por todos los poros, a propósito del bicentenario de la primera Junta de Gobierno, es precisamente es el espléndido Rodeo Chileno; pero hay gente que aborrece del Rodeo y que abjura de él como “deporte nacional”, señalando que es un mero deporte de patrones de fundo y otras sandeces de alto calibre. Creo que seré polémico y políticamente incorrecto respecto de esta masa de gente, pero me da igual.

Ha habido históricamente – y sigue habiendo – un resentimiento enorme desde el mundo urbano hacia el mundo rural, desde la ciudad aparecen grupúsculos de gente que se creen una suerte de iluminados-ilustrados que andan pontificando como deben hacerse las cosas, enjuiciando como válido o no tal o cual modo de vida, tal vez por esa maldita obsesión masturbatoria con Europa, con lo que ella representa y con esa ansiedad compulsiva de emularla por estos pagos  sin importar el costo.

No lo entiendo.

Alberto Valenzuela Llanos

Chile, gestado en el valle central (y donde vive actualmente el 90% de los chilenos), nació en base al mundo rural; La Hacienda, como señala el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, fue la organización social que sostuvo al país a flote desde el siglo XVII hasta la reforma agraria, luego desde la Hacienda, desde el Chile Latifundista – en los albores de los años 50 del siglo XIX – se abre el espacio político, se crean las instituciones republicanas, los partidos políticos, la Universidad de Chile, etc, etc. Tal vez como una forma de ampliar intelectualmente el horizonte que materialmente está restringido por los cordones de cerros que encierran al valle central de Chile.

¿Y de donde nace este resentimiento urbano hacia el campo? (porque tiene que haber salido de algún lado) Según el autor ya citado, nace con la irrupción de la clase media universitaria – que no tenía ningún nexo con el mundo campesino – que no tenía los votos y que además durante la década de los ’60 en el siglo XX se dedica a soliviantar a la gente que históricamente vivió fuera de la órbita de la Hacienda y que según el historiador Gabriel Salazar, era una masa marginal de gente medio cesante, medio vagabundo, medio forajido, que fueron los mismos que fueron a probar suerte trabajando en las Oficinas Salitreras del Norte Grande y que luego de la crisis del salitre, se instalaron en la ciudad generando los llamados “bolsones de pobreza”.

De ahí, intuyo viene el resentimiento.

Varias veces he escuchado el tratamiento despectivo de estas gentes de ciudad a los huasos como gente “bruta”, “introvertida”, “ignorante”, “maleducada” y por lo general usando vejatorios epítetos, riéndose a carcajadas cuando se les parodia grotescamente en los programas de televisión, en el cine, etc. Incluso llamando burlonamente como “huaso” a aquel que, sin necesariamente tener nexo con el campo, viene de ciudad de provincia.

Gentes urbanas que por lo demás su mayor conocimiento del campo chileno consiste en ir a emborracharse a las fondas del Parque O’Higgins para fiestas patrias y a comprar al paso un cacharrito de greda en Pomaire.

Eso denota un subdesarrollo tercermundista mental muy difícil de soslayar. Francamente no me imagino a los argentinos, uruguayos y a los brasileños de Río Grande do Sul basureando la figura del Gaucho (en portugués “Gaúcho” sí, tal cual como Ronaldinho), personaje central del imaginario colectivo, de la historia épica y de la identidad de dichos países atlánticos.

Huasos y Gauchos, no es lo mismo pero es igual.

Y el Gaucho es pariente del Huaso, la paronomasia (la semejanza de distinta clase que entre sí tienen otros vocablos) de sus nombres es evidente, lo que devela, al menos lingüísticamente un origen bastante común. Es mas, según tengo entendido, hasta mediados del siglo XX a ambos lados de la cordillera, a los gauchos se les decía huasos y a los huasos gauchos.

Nuestro Huaso es un personaje que posee virtudes que lo hacen digno de admiración como el prototípico “Homo chilensis”: su patriotismo y valentía a toda prueba (un huaso trascendental en la independencia de Chile fue el Coronel Santiago Bueras peleando a dos sables sobre su caballo en Maipú), su lealtad, su solidaridad, su ingenio y sentido del humor, entre otros. El espíritu, el “ethos” del huaso es etimológica y valóricamente caballeresco, porque monta a caballo (etimología) y porque al igual que el caballero del medioevo, implicaba un prestigio social y económico dado el costo de mantenimiento de un caballo, no cualquier atorrante tenía un caballo.

Pero volviendo al tema.

Afiche contra las corridas de toros en el Perú

El “non plus ultra” de este desprecio desde el mundo urbano esta constituido por ciertos grupos “anti-rodeo” – que por cierto me revientan – que además suelen unos pseudo-anarquistas reaccionarios. Estos grupos hacen “campañas de concientización sobre maltrato animal” importando las campañas que se hacen en España contra las “corridas de toros”.

Como si el Rodeo y las corridas de toros fueran exactamente lo mismo. Y no es lo mismo ni es igual.

  1. El novillo se corre por 3 a 4 minutos y una sola vez en su vida, porque después  de corrido el ganado bovino es llevado a la feria de animales (tipo Tattersall) para su venta. Generalmente el ganado es especialmente arrendado para el rodeo; ergo, se paga –> se usa –> se devuelve); En cambio en las corridas de toros, la corrida finaliza con la muerte del toro, y no conforme con ello el “matador” conforme a su desempeño en el ruedo puede ser premiado con una, dos orejas o dos orejas y rabo del occiso animal.
  2. El novillo utilizado en el rodeo se ocupa para un fin netamente ganadero. En cambio en las corridas de toros, los famosos Miura o “toros de lidia“, son criados (atendida su bravura) específicamente para ser utilizados en los encierros (tipo San Fermín) y en las plazas de toros.
  3. El Rodeo nace en la época de la Colonia con un fin estrictamente laboral que era el de reunir el ganado disperso en la dehesas circundantes a la ciudad para ser identificado y marcado, con el devenir del tiempo fue tomando un cariz deportivo. En cambio las corridas de toros nacen en la España medieval con un fin de mero entretenimiento popular;
  4. En el rodeo se participa en “colleras” – léase: parejas – por obtención de puntos, estas colleras pueden ser entre amigos, parientes y las de padre e hijo corriendo juntos. En las corridas de toro se compite a muerte entre el torero o el “rejoneador” – léase: torero  a caballo – y el toro, para el desenlace ver acápite Nº 1.
  5. El “maltrato” que recibe el animal es mínimo, por cuanto en la atajada se realiza en una quincha (que es la zona acolchada donde debe realizarse esta) con el jinete que va “a la mano” – caballo que va perpendicular a la marcha del novillo – debiendo intentar detener al animal con el pecho del manco – léase caballo -; Es menester señalar que tanto el equino como el vacuno tienen pesos relativamente parecidos. Y cada vez se mejora la reglamentación del Rodeo va encaminada a proteger al novillo (ejemplo: material de amortiguación de la quincha) porque sin novillo no hay Rodeo.

Asado

Aparte la gran mayoría de estos “manifestantes anti-rodeos” urbanos (salvo los vegetarianos y veganos, ellos me merecen respeto), son unos inconsecuentes de mierda en cuanto son capaces de hacer trizas al rodeo chileno diciendo cosas del calibre siguiente: “un par de huasos culiaos hijos de puta arriba de caballos maltratando vacas“, “Pelotudos que se creen patriotas porque hacen un rodeo” o “Vayanse a estudiar, que lo unico q saben es irse al campo a pajearse con los caballos y las vacas.” (sic); pero que a los 5 minutos – sagradamente para cada 18 de Septiembre o para cuando juega “La Roja” – están degustando con fruición un asado de vacuno con sus amigotes – abastero, huachalomo, sobrecostilla, etc-, y se comen un buen choripán (hasta donde sé las longanizas están hechas de cerdo y no de soja) anticuchos. Manga de farsantes.

El comerse un rico asado en sí no es malo, pero alegar maltrato animal del novillo, diciendo cosas como “ojala tu sintieras lo q siente la vaquilla o buey o el pobre animal q usen para su diversion” (sic) y después comerte uno, sin asco y cagado de risa, es claramente un caso para un sanatorio psiquiátrico.

El Rodeo es un lindo compendio de Chilenidad por lo siguiente:

  • A pesar de ser “de temporada” es, en nuestro largo y angosto país, el deporte con mayor convocatoria después del fútbol. Desde un modesto rodeo tipo “pichanga” en Vallenar, Pichidegua, Teno, Cabrero, Nueva Imperial, San Juan de la Costa, Coihaique o Tierra del Fuego – por nombrar localidades al voleo – hasta la fiesta mayor del rodeo: La serie de campeones llamada el “Champion de Chile” celebrado en la medialuna monumental de Rancagua);
  • Rejoneador andaluz

    Gracias a la existencia del Rodeo se ha podido preservar con el correr del tiempo la vestimenta típica del huaso chileno del valle central, que por lo demás es una mixtura americano-peninsular bastante particular, donde el chamanto es de origen eminentemente americano y el sombrero, la forma de la chaquetilla y de los pantalones es neta y eminentemente andaluza; esto último es evidente si ven el traje típico de un “rejoneador” (léase: matador de toros a caballo) andaluz parece, literalmente, un huaso sin chamanto;

  • Gracias al Rodeo se han mantenido (en los nombres de los equinos o de los criaderos), palabras de origen mapudungún que de una forma u otra se hubiesen perdido tales como “mingaco”, “embeleco”, “melicuyén”; o palabras de cuña campestres, tales como “arremangado”, “avispao”, etc;
  • El Rodeo mantiene varios oficios típicos campesinos que, de no existir el Rodeo, simplemente desaparecen: como las cantoras de rodeo (que amenizan con las tonadas de campo), los arregladores de caballos para los rodeos, las chamanteras, las sombrererías, los espueleros, los estriberos, los montureros, atajadurías (arte árabe milenaria que consiste en colocar incrustaciones de plata).
  • El Rodeo además cumple un fin social benéfico importante: En los rodeos siempre hay una elección de una “Reina” del Rodeo y dichas candidatas representan a una institución de beneficencia como Bomberos, Club de Leones, Rotary, Scouts, entre otras; Ademas dichas instituciones suelen instalarse en el recinto de la medialuna con venta de anticuchos, empanadas, chicha, papas fritas, piscolas, etc; y lo que reúnan queda para ellos.
  • Huaso y su caballo

    El rodeo como todo deporte entrega valores, tales como disciplina, compañerismo, respeto a la autoridad (te caen las penas del infierno por siquiera mirar feo al jurado por un eventual mal cobro) respeto a la tradición (generalmente el rodeo se traspasa de generación en generación), amor a los animales, aquí me detendré especialmente, para ser un buen huaso (y de yapa un buen ser humano) un jinete tiene que, como dice sabiamente mi primo “convertirse en un centauro”, hacerse uno con el equino, va mas allá de una relación hombre-animal como quien tiene una mascota, va mas allá, es obtener una auténtica sincronía;

Tengo la suerte y la bendición de haber sido criado en los dos mundos – el urbano y el rural -, tal vez porque soy la primera generación “de la gran ciudad” (mi padre era ingeniero proveniente del campo cerca de Molina y mi mamá profesora hija de agricultor de los alrededores de Malloa), por ende conozco – y he vivido – el mundo campesino “en vivo y en directo”: montando a los “mancos” (léase: caballos), ordeñado vacas, yendo a recoger huevos al gallinero, cortando leña y recogiendo corontas para el fuego, bailando cueca, etc.

Siempre me ha parecido por lo menos curioso como ciertos individuos, que su único contacto con la naturaleza es regar la plantita de la maceta del departamento o darse una vuelta por el Parque, venga a dar cátedra al mundo rural de cómo mantener un contacto con la naturaleza, y en especial con los animales cuando precisamente quien puede dar cátedra sobre el tema porque tiene una relación 24/7 con éstos y con aquella es el mundo campesino.

Así que “creo” tener “algo” de autoridad para hablar del tema.

El génesis y la esencia de la chilenidad está en los intrincados vericuetos del valle central y no en la urbe en el producto de un estratega comunicacional de marketing, ni en el programa de gobierno de algún candidato a la presidencia de la República, ni “saltando en el tablón” de algún estadio.

El Chile de verdad, el “Chile profundo” como dicen algunos, no está en Santiago, está “tierra adentro” con todo lo que ello implica, y si no eres capaz de asumir eso como parte de tu propio acerbo cultural, simplemente eres un chileno de cartón, alguien que nació y creció por estos lados acá simplemente por un accidente de la vida.

Los Hermanos Campos – “La Bandera Chilena

PD1: A los “anti-rodeo” ¿Cual es que van al hipódromo a reclamar cuando hay carreras y los jinetes agarran a “fustazo” limpio a los “purasangre” cuando van corriendo? ¿Porque no van a hacerle funas a los clandestinos de peleas de perros mejor?

PD2: A propósito del “Huaso Bueras”, llama la atención que el Ejército de Chile no tenga un Club de Rodeo y tenga uno de Polo. Debieran aprenderle a Carabineros que si tienen un club de rodeo.

El nuevo himno de España

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Sabido es que el himno de España, la “Marcha real” es pura melodía y nada de letra, bueno resulta que en youtube me he encontrado con este video de Rafa Corega con una letra sencillamente para la risa.

Reflexión dieciochera

Con ocasión de nuestras fiestas patrias esta larga y angosta faja de tierra del confín del mundo se convierte en una fiesta para conmemorar un nuevo aniversario de la conformación de la primera Junta de Gobierno (y no la Independencia como algunos pelotudos andan diciendo por ahí, ya que esta la firmó O’Higgins el 12 de febrero de 1818)

Durante estas fechas, me ha venido a la mente la siguiente pregunta (que ya ha agarrado niveles existenciales): ¿Quién diablos ha visto una “huasa” en su vida?

Mi familia proviene de una zona huasa por excelencia, la Región de O’Higgins (no le digo 6ª región por que con esto de las reformas constitucionales esa denominación va a valer callampa dentro de poco), y NUNCA es mi puta existencia he visto una “Huasa” (en traje elegante), si he visto “chinas” (no muchas veces eso sí).

El traje de huasa me evoca mas a promotora dieciochera de supermercado o presentadora de TV vestida para la “ocasión” que a genuina tradición del campo chileno. Incluso lo encuentro clasista, ya que este “traje” sería mas propio que señorona de latifundista que de mujer de campo propiamente tal, es por esto que prefiero mil veces el traje de “china” ya que es un auténtico uniforme de trabajo de la mujer campesina de la zona central de Chile, es éste el quid del asunto de la vestimenta típica, la representatividad.

Según lo que he podido constatar por testimonios en mis viajes frecuentes a la tierra de mis raíces, ese traje de huasa es completamente inútil, ya que no sirve para montar a caballo y ni siquiera para bailar cueca de salón, ya que el faldón con encaje es demasiado ceñido por lo que resulta completamente incómodo para el baile nacional (dato no menor si consideramos que es un traje “elegante de salón”)

Ad portas del bicentenario sería bastante sano y constructivo mirar en perspectiva nuestra identidad como nación, desde el desierto de atacama a los hielos patagónicos y no solo a la zona central y sincerar nuestras tradiciones, con sus virtudes y defectos, es la única forma de legar a nustros hijos un país con identidad.

Porque el traje de huasa cada vez parece mas disfraz que vestimenta típica.

“Te miro la cara y me da sed” de los Hermanos Campos, un clásico dieciochero