El Mio Cid

Algunos derechos reservados por Aaron Landry

Radio Canal 95, es una emisora que transmite desde Antofagasta y su cobertura territorial comprende esencialmente el llamado “norte grande” de Chile. El punto es que, por un misterio de la vida, un verano la podía escuchar con muy buena calidad de señal la radio desde Salsipuedes (comuna de Malloa – VI región) en plena zona central del país.

Y recuerdo en especial un programa que pasaban por la noche – era de noche creo que era de 22 a 24 horas – llamado “El Mio Cid“, conducido por un tal Christian Diaz de Vivar (ignoro si es su nombre real o su pseudonimo) el punto es que pasaban mayoritariamente clasicos rockeros aderezados con poemas recitados por el locutor y condimentado con las traducciones de las letras de las canciones que programaban al aire… NOTABLE

Debe haber sido uno de los mejores programas de radio que he escuchado en mi vida.

The Smiths – “There is a Light That Never Goes Out” (Mikel Erentxun tiene un cover bastante decente de ésta)

PD: Supe al final que el programa lo cortaron a fines del 2002 😦

La playa en invierno

La playa en inverno es lo mejor de la vida.

 No hay nada mas idóneo e inspirador que tener un escritorio con vista al mar, no hay nada mejor que perder la vista en el horizonte y apreciar el continuo reventar de las olas, las repetidas subidas y bajadas de la marea, Oír el soberano, omnipresente y majestuoso ruido de la mar océano, místico cuan canto bizantino o mantra tibetano al tiempo que se respira esa deliciosa brisa salobre que reconforta el alma, que friza cabellos y que oxida metales.

La playa en invierno es lo mejor de la vida

Una difusa puesta de sol a las 5:45 mientras pequeñas gotitas de bruma comienzan a golpear en el rostro y otear las amenazantes nubes negras pregoneras de lluvia desde el sur es simplemente perfecto.

Comercial de Nescafé noventero (un imperdible del inconciente colectivo)

"Edipo" de Konstantino Kavafis

Este poema como señalara don Miguel Castillo Didier, fue escrito después de la lectura de una descripción de la pintura de Gustave Moreau “Edipo y la Esfinge” (1864). Es decir, el poeta greco-alejandrino nunca vió el cuadro, se lo imaginó conforme se lo relataron.

Edipo

Sobre él la Esfinge se ha dejado caer
con dientes y con garras extendidas
y con toda la fiereza de la vida.
Cayó Edipo a su primera arremetida,
Lo atemorizó su primera aparición –
tal figura y tal modo de hablar
nunca hasta entonces las había imaginado.
Mas a pesar de que el monstruo apoya
sus dos patas en el pecho de Edipo,
éste rápidamente se repuso – y en absoluto
le teme ahora ya, pues tiene
lista la solución y vencerá.
Y sin embargo no se alegra por esta victoria
su mirada llena de melancolía
a la Esfinge no mira, ve mas allá
el estrecho camino que va a Tebas,
y que en Colono ha de terminar.
Y claramente presiente su alma
que la Esfinge allí le hablará de nuevo
con mas difíciles y mayores
enigmas que respuesta no tienen
.

Justicia Divina

Posthumous portrait of chilean General José Mi...

Image via Wikipedia

El jueves recién pasado se subsanó una negligencia histórica: Al fin se le dió a José Miguel Carrera el lugar que se merece, que su estatua ecuestre estuviere de frente a la casa de gobierno: El Palacio de La Moneda.

Que relate – para el que no sabe – quien fue Carrera sería muy parco de mi parte cuando  el gran Pablo Neruda dedicó un extenso poema al Primer Padre de la Patria.

E P I S O D I O

DIJISTE Libertad antes que nadie,
cuando el susurro iba de piedra en piedra,
escondido en los patios, humillado.

Dijiste Libertad antes que nadie.
Liberaste al hijo del esclavo.
Iban como las sombras mercaderes
vendiendo sangre de mares extraños.
Liberaste al hijo del esclavo.

Estableciste la primera imprenta.
Llegó la letra al pueblo oscurecido,
la noticia secreta abrió los labios.
Estableciste la primera imprenta.
Implantaste la escuela en el convento.
Retrocedió la gorda telaraña
y el rincón de los diezmos sofocantes.
Implantaste la escuela en el convento.

C O R O

Conózcase tu condición altiva,
Señor centelleante y aguerrido.
Conózcase lo que cayó brillando
de tu velocidad sobre la patria.
Vuelo bravío, corazón de púrpura.

Conózcanse tus llaves desbocadas
abriendo los cerrojos de la noche.
Jinete verde, rayo tempestuoso.
Conózcase tu amor a manos llenas,
tu lámpara de luz vertiginosa.
Racimo de una cepa desbordante.
Conózcase tu esplendor instantáneo,
tu errante corazón, tu fuego diurno.

Hierro iracundo, pétalo patricio.
Conózcase tu rayo de amenaza
destrozando las cúpulas cobardes.
Torre de tempestad, ramo de acacia.
Conózcase tu espada vigilante,
tu fundación de fuerza y meteoro.
Conózcase tu rápida grandeza.
Conózcase tu indomable apostura.

E P I S O D I O

Va por los mares, entre idiomas,
vestidos, aves extranjeras,
trae naves libertadoras,
escribe fuego, ordena nubes,
desentraña sol y soldados,
cruza la niebla en Baltimore
gastándose de puerta en puerta,
créditos y hombres lo desbordan,
lo acompañan todas las olas.
Junto al mar de Montevideo
en su habitación desterrada,
abre una imprenta, imprime balas.
Hacia Chile vive la flecha
de su dirección insurgente,
arde la furia cristalina
que lo conduce, y endereza
la cabalgata del rescate
montando en las crines ciclónicas
de su despeñada agonía.
Sus hermanos aniquilados
le gritan desde el paredón
de la venganza. Sangre suya
tiñe como una llamarada
en los adobes de Mendoza
su trágico trono vacío.
Sacude la paz planetaria
de la pampa como un circuito
de luciérnagas infernales.
Azota las ciudadelas
con el aullido de las tribus.
Ensarta cabezas cautivas
en el huracán de las lanzas.
Su poncho desencadenado
relampaguea en la humareda
y en la muerte de los caballos.

Joven Pueyrredón, no relates
el desolado escalofrío
de su final, no me atormentes
con la noche del abandono,
cuando lo llevan a Mendoza
mostrando el marfil de su máscara
la soledad de su agonía.

C O R O

Patria, presérvalo en tu manto,
recoge este amor peregrino:
no lo dejes rodar al fondo
de su tenebrosa desdicha:
sube a tu frente este fulgor,
esta lámpara inolvidable,
repliega esta rienda frenética,
llama a este párpado estrellado,
guarda el ovillo de esta sangre
para tus telas orgullosas.
Patria, recoge esta carrera,
la luz, la gota mal herida,
este cristal agonizante,
esta volcánica sortija.
Patria, galopa y defiéndelo,
galopa, corre, corre, corre.

É X O D O

Lo llevan a los muros de Mendoza,
al árbol cruel, a la vertiente
de sangre inaugurada, al solitario
tormento, al final frío de la estrella.
Va por las carreteras inconclusas,
zarza y tapiales desdentados,
álamos que le arrojan oro muerto,
rodeado por su orgullo inútil
como por una túnica harapienta
a la que el polvo de la muerte llega.

Piensa en su desangrada dinastía,
en la luna inicial sobre los robles
desgarradores de la infancia,
la escuela castellana y el escudo
rojo y viril de la milicia hispana,
su tribu asesinada, la dulzura
del matrimonio, entre los azahares,
el destierro, las luchas por el mundo.
O’Higgins el enigma abanderado,
Javiera sin saber en los remotos
jardines de Santiago.
Mendoza insulta su linaje negro,
golpea su vencida investidura,
y entre las piedras arrojadas sube
hacia la muerte.
Nunca un hombre tuvo
un final más exacto. De las ásperas
embestidas, entre viento y bestias,
hasta este callejón donde sangraron
todos los de su sangre.
Cada grada
del cadalso lo ajusta a su destino.
Ya nadie puede continuar la cólera.
La venganza, el amor cierran sus puertas.
Los caminos ataron al errante.
Y cuando le disparan, y a través
de su paño de príncipe del pueblo
asoma sangre, es sangre que conoce
la tierra infame, sangre que ha llegado
donde tenía que llegar, al suelo
de lagares sedientos que esperaban
las uvas derrotadas de su muerte.

Indagó hacia la nieve de la patria.
Todo era niebla en la erizada altura.

Vio los fusiles cuyo hierro
hizo nacer su amor desmoronado,
se sintió sin raíces, pasajero
del humo, en la batalla solitaria,
y cayó envuelto en polvo y sangre
como en dos brazos de bandera.

C O R O

Húsar infortunado, alhaja ardiente,
zarza encendida en la patria nevada.

Llorad por él, llorad hasta que mojen,
mujeres, vuestras lágrimas la tierra,
la tierra que él amó, su idolatría.
Llorad, guerreros ásperos de Chile,
acostumbrados a montaña y ola,
este vacío es como un ventisquero,
esta muerte es el mar que nos golpea.
No preguntéis por qué, nadie diría
la verdad destrozada por la pólvora.
No preguntéis por qué, nadie diría
el crecimiento de la primavera,
nadie mató la rosa del hermano.
Guardemos, cólera, dolor y lágrimas,
llenemos el vacío desolado
y que la hoguera en la noche recuerde
la luz de las estrellas fallecidas.
Hermana, guarda tu rencor sagrado.
La victoria del pueblo necesita
la voz de tu ternura triturada.
Extended mantos en su ausencia
para que pueda -frío y enterrado-
con su silencio sostener la patria.

Más de una vida fue su vida.

Buscó su integridad como una llama.
La muerte fue con él hasta dejarlo
para siempre completo y consumido.

A N T I S T R O F A

Guarde el laurel doloroso su extrema substancia de invierno.
A su corona de espinas llevemos arena radiante,
hilos de estirpe araucana resguarden la luna mortuoria,
hojas de boldo fragante resuelvan la paz de su tumba,
nieve nutrida en las aguas inmensas y oscuras de Chile,
plantas que amó, toronjiles en tazas de greda silvestre,
ásperas plantas amadas por el amarillo centauro,
negros racimos colmados de eléctrico otoño en la tierra,
ojos sombríos que ardieron bajo sus besos terrestres.
Levante la patria sus aves, sus alas injustas, sus párpados rojos,
vuele, hacia el húsar herido la voz del queltehue en el agua,
sangre la loica su mancha de aroma escarlata rindiendo tributo
a aquél cuyo vuelo extendiera la noche nupcial de la patria
y el cóndor colgado en la altura inmutable corone con plumas
sangrientas
el pecho dormido, la hoguera que yace en las gradas de la
cordillera,
rompa el soldado la rosa iracunda aplastada en el muro
abrumado,
salte el paisano al caballo de negra montura y hocico de es-
puma,
vuelva al esclavo del campo su paz de raíces, su escudo
enlutado,
levante el mecánico su pálida torre tejida de estaño nocturno:
el pueblo que nace en la cuna torcida por mimbres y manos
del héroe,
el pueblo que sube de negros adobes de minas y bocas sul-
fúricas,
el pueblo levante el martirio y la urna y envuelva el recuerdo
desnudo
con su ferroviaria grandeza y su eterna balanza de piedras y
heridas
basta que la tierra fragante decrete copihues mojados y libros
abiertos,
al niño invencible, a la ráfaga insigne, al tierno temible y
acerbo soldado.
Y guarde su nombre en el duro dominio del pueblo en su lucha
como el nombre en la nave resiste el combate marino:
la patria en su proa lo inscriba y lo bese el relámpago
porque así fue su libre y delgada y ardiente materia.

Carrera al fin en el lugar que le corresponde, esto es un buen inicio 🙂

Quelentaro – “José Miguel Carrera

Llegará el Día

Llegará el día

Llegará el día

Llegará el día en el que Santiago no se inunde a la primera lluvia cagona;

Llegará el día en que no me costará levantarme temprano;

Llegará el día en el que el Transantiago y el Metro funcionen 24/7, para nunca mas vivir en una especie de “toque de queda” de facto;

Llegará el día en que Chile ganará la Copa América y clasifique seguido a los Mundiales de fútbol, y no cada 12 años como ahora;

Llegará el día en que Santiago esté lleno de ciclovías para poder andar tranquilo;

Llegará el día en que la plata me alcanza para todo e incluso pueda ahorrar;

Llegará el día en el que tendremos un nuevo feriado: el “Día de la Constitución“, una Carta Fundamental emanada de una Asamblea Constituyente;

Llegará el día en que me reconciliaré con mi historia personal;

Llegará el día en que finalmente estudiaré lo que desde chico estudiar (en régimen vespertino) y me recibiré de Arquitecto;

Llegará el día en que terminaré de hacer todo lo que quiero hacer y me va a importar una raja lo que opine el resto del mundo;

Llegará el día en que decida publicar todo lo que escribo

Alegrémonos y regocijémonos por que ese día llegará.

Pearl Jam – “Wishlist

http://lms.ispgaya.pt/webfiles/wishlist.mp3″