Un viaje sideral

[picapp align=”center” wrap=”false” link=”term=road+country&iid=8394963″ src=”http://view1.picapp.com/pictures.photo/image/8394963/country-road-alberta/country-road-alberta.jpg?size=500&imageId=8394963″ width=”500″ height=”336″ /]

A propósito de estas épocas estivales de sol y de calor, se me viene a la mente un viaje veraniego a la playa muy especial, de esos viajes que se hacen mas memorables por el viaje en sí que por el destino.

Debía tener como nueve o diez años y nos fuimos en familia (entiéndase familia nuclear + tíos y primos) a la playa, específicamente a San Carlos, una playa entre Cartagena y Las Cruces en el litoral central. Esa vez no nos fuimos por la ruta acostumbrada desde el campo a la playa – por la tradicional “carretera de la fruta” con especial detención en el Lago Rapel – sino que la caravana partió rumbo a Santiago por la Panamericana y a la altura del Bavaria (entre Paine y Buin) se interna hacia la costa, creo que es la ruta que se va por Lonquén no estoy seguro, si recuerdo bien que había que cruzar un puente de una sola pista donde además pasaba por el mismo una línea férrea.

Aparte de la novedad del paraje, lo que hizo verdaderamente especial a ese viaje en particular es que nos vinimos escuchando en la casetera del vehiculo (no se si era auto o camioneta, creo que auto) el “Oxygène” de Jean-Michel Jarre. Nunca había escuchado música de ese tipo, ya me gustaba el rock gracias a mi madrina que le encantaba Queen y me traspasó ese gusto, así que aluciné con esa amalgama de sonidos digitales futuristas-anacrónicos y fue ahí que me dí cuenta que también esos sonidos hasta ese entonces desconocidos podían considerárseles como música.

Fue una experiencia inolvidable, un viaje sideral.

Jean-Michel Jarre – “Oxygène – Part II” (la parte mas conocida de este álbum conceptual electrónico)

PD1: No por nada “Oxygène” de Jean-Michel Jarre está considerado dentro de los “1001 discos que hay que escuchar antes de morir”

PD2: El apellido “Jarre” se pronuncia “yarr” y no “yarré” (no lleva tilde), eso lo aprendí con un profesor en el colegio.

Una semana en Valdivia

Bandera de Valdivia, una versión light de la imperial "Cruz de Borgoña" (que mas se parece a la Cruz de San Patricio)

Conozco suficientemente el sur de Chile, pero Valdivia venía precedida de toda una propaganda de bondades pregonada por familiares, amigos, etc, que quise corroborarla in situ. Y la oportunidad se vino a dar la semana pasada a propósito de un Congreso de Historia Medieval en la Universidad Austral de Chile (UACh) al que asistimos como ponentes con la Mayo.

Es muy distinto viajar a Valdivia en plena época estival que hacerlo en la llamada “temporada baja”, lo primero porque el verano tiene un efecto distorsionador de la vida citadina, en cambio la “baja temporada” permite tomarle el pulso real a la urbe.

Cuando uno llega a una ciudad su puerta de entrada suele ser su Rodoviario o Terminal de Buses: La verdad sea dicha es bastante feo (como consuelo no conozco uno decente en Chile salvo el de Viña del Mar), lo único agradable de ese recinto es que está – literalmente – al frente del río Calle-calle. Ya se sentía al bajar del bus el típico aire húmedo del sur de Chile (humedad que me provocó un insufrible dolor a las rodillas el primer día) pero matizado con un sutil aire salobre tan típico de la costa chilensis.

Me llamó la atención la cantidad de micros viejas que pululan por la ciudad, de esas chicas, vetustas y rancias que en Santiago dieron de baja hace ya bastante tiempo (ahí se ve como llegan las sobras a las regiones); la cantidad de colectivos y los pocos taxis.

Lo primero que me fascinó de la ciudad es el sabor del agua potable; dulcísima, exquisita, algo blanda – cuesta sacarse el jabón cuando uno se lava las manos – pero buena agua al final. Por eso no me extraña que los de la Cerveza Kuntsmann afirman que su “secreto” radica en la calidad del agua valdiviana. Doy fe.

Campus Isla Teja - UACh

Un párrafo aparte se merece el alma mater de Valdivia: la Universidad Austral de Chile, en especial el Campus Isla Teja: Inserto en pleno centro de Valdivia (a la otra orilla del rio), cuenta con locomoción colectiva a la puerta, Cine Club, Banco Santander, oficina de Correos de Chile, Western Union, agencia de Buses y hasta con una agencia de viajes propia (“Campanil” en asociación con la Universidad de Concepción) entre otras cosas. El Jardín Botánico es una auténtica maravilla paisajísitica, y pensar que es el jardín interior de la Universidad (definitivamente hacer clases en la UACh debe ser el paraíso).

Valdivia sin la UACh, sería Osorno enclavado hacia la costa y con río navegable de yapa. Así de categórico.

Laguna del Loto - Parque Saval

Otro lugar que es una auténtica belleza está en la misma Isla Teja al lado de la UACh: el Parque Saval – nombre bastante feo para un parque, parece sigla institucional -, a diferencia del Jardín Botánico aquí hay que pagar entrada; hay zonas de pic-nic con quinchos incluidos, medialuna, zona de exposiciones feriales, etc, etc. ¿lo mas destacable? La laguna de Loto la cual se encuentra acompañada de numerosas muestras escultóricas.

Una de las cosas de las cuales literalmente me “desayuné” de la visita por allá es que Valdivia está repleta de ríos subterráneos que cruzan de lado a lado la ciudad, lo que convierte a Valdivia en una auténtica “ciudad flotante” y no solo eso; de que gran parte del centro eran viejos humedales que en los inviernos mas inclementes solían inundarse según consta en un mapa del siglo XVII que está en el museo histórico.

Ergo, Valdivia nunca va poder gozar de edificios tipo rascacielos en su skyline porque simplemente pasada cierta altitud (por ende, cierto peso) van a comenzar a hundirse, máxime si hay un movimiento telúrico de por medio. Y eso sin contar con que el suelo de por allá es arcilloso :(.

Deportes Valdivia

Pasando a otro tema, no deja de ser curioso que el fútbol nunca haya prendido por estos pagos; el equipo que representa a la ciudad es Deportes Valdivia que es el ¡¡cuarto!! club que ha representado a la ciudad (antes estuvieron los fenecidos  Deportes Valdivia – llegando por descenso de 2ª División – ; Real Valdivia – duró 1 año -; Las Ánimas – sin pena ni gloria – ; y Regional Valdivia – ídem -). Ninguno de estos clubes se ha consolidado en el balompié profesional chileno,  salvo el primer  club Deportes Valdivia, quien tuvo un efimerísimo paso por la Primera División en 1989. Dicen las malas lenguas que el albirrojo de la camiseta es yeta, el punto es que son los colores valdivianos (ver bandera) así que bajo esa óptica sonaron. Y si se considera que el archirrival de Valdivia, la ciudad de Osorno, su club de fútbol ha tenido una performance MUY superior en el torneo profesional, lo de Valdivia raya en lo patético. Impresentable para una capital regional.

Me fui un poco decepcionado de Valdivia, sentí que le habían puesto mucho “color” en el relato mis conocidos, casi al borde de la estafa con publicidad. Constaté que es una ciudad chiquita bastante provinciana – lo que en sí no es malo pero si se tienen ínfulas de ser “La perla del Sur” sí que lo es – pero que le falta mucho para ser una ciudad en serio. A dejarse de huevadas, Valdivia al lado de Valparaíso es un pueblucho, los grandes atractivos turísticos de Valdivia (Corral, Niebla, Isla Mansera, Curiñanco, Los Molinos, Parque Oncol, etc) están fuera de Valdivia y no en la misma ciudad, la ciudad es muy poco referente. Ésa es a mi gusto la diferencia sustancial entre una ciudad y un pueblo. Valdivia puede explotar muchísimo mejor el turismo.

En resumen; es un lugar piola, donde todo queda cerca y de clima muy agradable a mis cánones meteorológicos, ¿Conclusión? Me muero por volver (y quedarme por allá).

Miguel Barriga (vocalista de Sexual Democracia) – “Regionalización (Valdivia Capital)

PD: Algún día me referiré a la rivalidad entre valdivianos y osorninos, da para un artículo completo.

Viaggio sul treno

Viajar en tren tiene una cosa de otro tiempo incluso de otro lugar (dada la escasa cultura ferroviaria propia y nacional), posee un “que se yo” (léase con acento rioplatense) bastante particular.

Recuerdo que mi primer viaje en tren fue por el colegio (en la básica y creo que en 5º año) a Rancagua, a visitar el céntrico “Instituto O’Higgins” (hermano y rival de Alonso de Ercilla a nivel de colegios maristas) y a conocer las instalaciones de CODELCO División El Teniente, visita a Sewell incluida.

Cada vez que puedo viajo a lo de mis parientes en tren: primero: porque me gusta mucho andar en tren,  segundo: porque no pretendo maximizarle las ganancias a Buses al Sur, inmunda empresa que hace el recorrido Santiago-Rengo y que presta un servicio derechamente malo y caro (algo similar en inmundicia a Ruta Bus 78 que van a Melipilla) y tercero porque literalmente, salgo de la Estación de Metro “Estación Central” y estoy en la boletería del Metrotren, me carga el Terminal de Buses Santiago.

¿Lo malo? Hay que llegar temprano o si no, se llena (y muy lleno) y no es muy simpático irse de pie hasta San Bernardo (o incluso hasta Rancagua). Eso sí, el servicio es puntual.

Nek – “La vita é“*

* Esta canción se convirtió en “himno de viaje en tren” gracias a mi comadre Glor77ta, con la cual viajábamos al campo cuando estaba preparando mi examen de grado hace un tiempo atrás.

Nota mental: Expo-estudiante 2010

Algunos derechos reservados por psd

Si antes habían dudas de la necesidad de tener un nivel decente de inglés para surgir en la vida, ahora después de la expo no hay ninguna: El inglés es imprescindible y hay que dominarlo a la perfección.

Def Leppard – “Photograph

PD: Hay mucho huevón que va a puro dar jugo a la expo… una lata

COLORS: La Fibra del Color

united colors of benetton
Image by f_mafra via Flickr

En esta oportunidad este posteo va en reconocimiento-homenaje a la gran revista COLORS cuyo fundador fue Oliverio Toscani (sí, el mismo, el fotógrafo de la Benetton), un magazine en el cual cada número trataba un tema distinto y cuyo contenido era demoledor, un headshot disparo en la cabeza, brutal, transgresor.

La gran gracia de esta revista es que te muestra el mundo tal cual es, haciéndote ver que es muchísimo mas amplio, abyecto, bizarro, exótico, fascinante, miserable de lo que creías que es. No por nada su lema y virtualmente su declaración de principios es “A magazine about the rest of the world.” o sea, “Una revista sobre el resto del mundo“.

http://www.colormagenta.cl/adios-fibra/2005/11/18/Para que andamos con cosas, Fibra (QEPD) fue una copia chilensis light de COLORS, la estética de Fibra era groseramente idéntica a su par italiana. Si bien ambas estuvieron desde sus inicios bajo el paraguas de una transnacional (Fibra a Telefónica y COLORS a Benetton), en el caso de la revista fundada por Toscani ese patrocinio sigue aún en pie, cosa que no pasó con la fenecida fibra.

Il Viaggio

Recuerdo una de las editoriales de la COLORS mas geniales jamás escritas (en mi humilde opinión), era sobre el especial de Viajes, todavía recuerdo en esencia lo que decía dicha editorial:

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Primeramente hablaba de la Coca-Cola y de su enorme “don de gentes”, de su capacidad de estar presente en los 5 continentes y cruzar varias culturas, a partir de ahí desarrolla un análisis hacia lo que es la globalización concluyendo con una pregunta feroz.

Si el mundo cada vez se esta volviendo mas y mas homogéneo ¿Por qué viajar?

 all that I am taking with me to china and thailand for 18 days. by Robert ScalesY aquí viene la genialidad: Hay que viajar para aprovechar de conocer el mundo tal y como es antes que desaparezca, ya sea aprendiendo un nuevo idioma, degustar nuevos sabores, conocer historias, etc. Cada vez que se instala una antena satelital en algún poblado indígena o cada vez que fallece un anciano nuere una forma de ver el mundo. Hay que viajar pero que sea la gente y no el lugar en sí lo que motive el viaje. Viajar es aprender, experimentar no consumir, debe dejarte algo, por eso regístralo en algún soporte (fotos, videos, audio, etc)

El tiro de gracia: Si quieres traerte un souvenir de algún lado, tráete una lata de Coca-Cola. Notable, así que ¡a viajar!

Lucybell – “Viajar

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